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¿Por qué usamos y tiramos la ropa y no le damos nuevos usos?

Urge transformar la industria textil hacia un modelo circular

Es cada vez más urgente que la industria textil transforme la manera en que se fabrica y se usa la ropa y evolucionemos del actual fast fashion a un modelo lo más circular posible

Miércoles, 17 Mayo, 2023


Cada año se producen, usan y desechan millones de toneladas de ropa en todo el mundo. Al año compramos, según la Organización de Naciones Unidas (ONU), 26 kg de productos textiles y desechamos 11 kg, cifras que nos deben alertar del impacto significativo que la industria textil está provocando en el planeta, ya que para fabricar cada una de estas prendas se requiere del uso de grandes cantidades de recursos naturales, energía y materias primas. La ONU asegura que la industria de la moda es la segunda más contaminante del planeta, siendo responsable del 10 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Además, consume elevadas cantidades de agua y genera un inmenso volumen de residuos textiles.

 

Por estos motivos, es cada vez más urgente que la industria textil transforme la manera en que se fabrica y se usa la ropa y evolucionemos del actual fast fashion a un modelo lo más circular posible. En vez de comprar y desechar rápidamente, el modelo circular se basa en comprar, usar un nuevo “uso” cuando el principal ya ha acabado para finalmente, reciclar. Sin embargo, para que los consumidores podamos actuar así, la industria tiene que mejorar en muchos sentidos.

 

Por un lado, las prendas tienen que ser mucho más duraderas y de mejor calidad para que no deterioren con poco uso y puedan ser reutilizadas por otras personas. Por otro lado, en la fabricación se deben incorporar materas primas más sostenibles, como el algodón orgánico, que reducen el consumo de agua y el uso de químicos. Y, por supuesto, también habría que optimizar los procesos de producción acortando distancias, ya que en la actualidad una prenda pasa por multitud de países hasta llegar al punto de venta final. No tiene sentido utilizar algodón producido en China, hilar en Bangladesh, tejer en China y terminar vendiendo en España.

 

Pero además de aplicar estos cambios, es necesario que la industria impulse el consumo responsable y anime a los clientes a comprar textiles más sostenibles haciéndoles ver que, aunque sean más caros, la inversión es más rentable y responsable a largo plazo. Aunque ¡cuidado! Muchas marcas están creando sus propias etiquetas de “producto sostenible” en base a criterios no armonizados y, por qué no decirlo, en muchos casos, por puro marketing sin que haya detrás una producción sostenible real. Esto se conoce como “greenwashing” y es uno de los mayores problemas del sector ahora mismo.

 

La solución es que las empresas mejoren en transparencia divulgando públicamente sus prácticas de producción y sus impactos ambientales, permitiendo que los consumidores puedan tomar decisiones informadas.

 

Actualmente, existen algunas obligaciones legales a nivel europeo y en España para que las empresas textiles cumplan con criterios medioambientales y con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) fijados por Naciones Unidas en la Agenda 2030.

 

A nivel europeo encontramos, por ejemplo, el reglamento REACH, que controla el uso de sustancias químicas y prohíbe aquellas nocivas, lo cual incide directamente en la producción textil favoreciendo el uso de tejidos reciclado u orgánicos. También contamos con la Directiva Europea de residuos textiles, que obliga a los estados a establecer planes para prevenir y gestionar los residuos fomentando su reciclaje y reutilización. En el caso de España, esta directiva ha entrado en vigor con la Ley de Residuos, que exige que para 2025 el 55 % de los residuos, independientemente de su tipología, estén preparados para su reutilización o reciclado.

 

En conclusión, para dejar atrás el actual consumo descontrolado y desmesurado de ropa, se tienen que consolidar tres actuaciones principales. La primera, la regulatoria. Está demostrado que hasta que no entran en acción los gobiernos, poco se hace de manera voluntaria, por lo que tiene que incrementarse la acción de los gobiernos en relación con este tema. La segunda, se tiene que dar un cambio generalizado en la mentalidad del retailer, de manera que se comprometan desde el principio del proceso, teniendo en cuenta desde el diseño de los productos hasta la elección de los materiales. Y, por último, pero no menos importante, que los clientes se conciencien para comprar responsablemente, considerando los impactos sociales y ambientales de sus compras. Solo así, yendo todos a una, lograremos tener un futuro mejor.

 

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