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Compliance más fácil

Compliance y PYMES

 

Según datos del Ministerio de Empleo y Seguridad Social sobre las empresas inscritas en enero de 2018, en España (sobre un total de 2.847.735 empresas) habría 1.535.472 autónomos sin asalariados y 1.307.776 PYMES (1 a 249 asalariados), frente a las 4.487 grandes empresas (250 o más asalariados). Es evidente, por tanto, el peso que pequeñas y medianas empresas tienen en nuestra economía.

 

pymesPese a esto, cuando hablamos de Compliance, de implantación de sistemas de prevención de incumplimientos, parece común vincularlo automáticamente a las grandes empresas, a aquellas con recursos personales y económicos suficientes como para disponer de un equipo de especialistas destinado a este fin y, desde esta perspectiva, parece inevitable pensar que es algo ajeno e inaccesible para la pequeña empresa, que no dispone de tales recursos.

 

Sin embargo, se trata de una percepción errónea. Debemos ver Compliance como una forma de entender la gestión de la entidad (sean cuales sean las características de la misma) desde la transparencia, la cultura ética, el conocimiento y gestión adecuados de los riesgos y la prevención, en aras tanto de evitar la comisión de delitos e irregularidades (y la correspondiente responsabilidad que puede conllevar) como de desarrollar una vía de creación de valor y crecimiento reputacional, no como una moda compleja y costosa típica de las empresas multinacionales; no se puede mantener a este más del 99% de la actividad empresarial española al margen de esta evolución, ya que estas están igualmente expuestas a sus riesgos de toda índole (cada una dentro de su contexto empresarial) que deben tratar de prevenir, tanto en su propio beneficio, como en beneficio de la comunidad en general en su pretensión de avanzar de forma global hacia una gestión empresarial responsable.

 

Cuando el Código Penal nos introduce los Sistemas de Compliance eficaces como vía para eximir o atenuar la responsabilidad penal, no se limita a ningún modelo de entidad concreta, si no que en todo caso se habla de Persona Jurídica, independientemente de sus condiciones. Si bien es verdad que los recursos destinados a desarrollarlos en unas u otras empresas no podrán ser, lógicamente, comparables. A la hora de defender que nuestra pequeña empresa cuenta con un sistema de cumplimiento eficaz, no será necesario demostrar un gran despliegue de implantación de normas, un gran equipo dedicado a la supervisión, ni la realización de unos cursos formativos desproporcionados; debemos ser capaces de demostrar que hemos evaluado nuestros riesgos, se han establecido una serie de pautas para evitar que se materialicen, así como una serie de principios conforme a los que esperamos que se actúe, y esta información ha sido debida y efectivamente trasladada a los empleados, controlando que se encuentran alineados con nuestro modelo de gestión.

 

La principal cuestión, por tanto, que debemos considerar cuando nos planteamos iniciar nuestra empresa en el “mundo Compliance” sería el Contexto de nuestra organización. Será a través de éste cómo identificaremos los principales riesgos, impactos, grupos de interés, etc… en función de los cuales se destinarán los recursos necesarios.

 

Al hilo de esto cabe mencionar que, por ejemplo, en lo que a personal se refiere, para el caso de la pequeña empresa, el propio Código Penal establece específicamente que las labores de supervisión puedan ser asumidas directamente por el órgano de administración, lo que facilita la implantación al poder unificar funciones sin necesidad de contar con un personal designado específicamente al efecto.

 

No cabe duda de que en las entidades de estas características pueden igualmente producirse irregularidades que terminen derivando en responsabilidad penal, civil, cuantiosas sanciones administrativas, daño a la reputación… en general, en grandes pérdidas para la empresa, y esta es una situación que los administradores no deben perder de vista. Los responsables no deben ver Compliance como algo lejano a ellos, sino como una realidad actual y futura a implementar en sus empresas, adaptándose a sus necesidades y recursos o asesorándose por expertos externos si fuera necesario, amoldando su forma de gestión empresarial a estas nuevas exigencias que, todo apunta, han venido para quedarse.

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