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Este verano han aumentado un 12% las quejas por contaminación acústica

La mayor actividad en el exterior y concienciación sobre la contaminación acústica hacen que las quejas de particulares aumenten año tras año.

Los bares y restaurantes son las actividades económicas que aglutinan el mayor número de reclamaciones.

Un buen aislamiento acústico, que cuesta una media de 20.000 euros, ahorraría a los negocios multas de hasta 300.000 euros por superar los límites de ruido.

Las quejas por contaminación acústica han aumentado este verano un 12%, tras haber registrado un incremento del 8% en todo el 2018. Una tendencia al alza que, para los expertos en prevención de la contaminación acústica de TÜV SÜD, no sólo se debe a que en esta época del año tenemos todo abierto, se produce más actividad en el exterior y las máquinas de climatización y compresores frigoríficos funcionan a pleno rendimiento, sino también a un mayor conocimiento ciudadano sobre la contaminación acústica.

El director técnico del departamento de Acústica de TÜV SÜD en Cataluña, Rubén López, asegura que hoy día “los ciudadanos saben que existe una normativa con unos valores límite que se deben cumplir” y advierte que “las inspecciones suelen hacerse a petición de los afectados” por lo que recomienda cumplir con la normativa. Sin embargo, en su trayectoria profesional ha coincidido con muy pocos titulares sensibilizados con este asunto: “la mayoría cree que las molestias que dice padecer su vecino son fruto de alguna dolencia rara o del estado de ánimo de estas personas y consideran que la insonorización es un ‘gasto innecesario’”.

Nada más lejos. Un buen aislamiento acústico no solo ahorraría molestias a los vecinos, sino multas por superar los límites de ruido que pueden llegar a los 300.000 euros en el caso de infracciones muy graves. Bares y restaurantes son los que aglutinan el mayor número de reclamaciones e inspecciones por contaminación acústica, sobre todo en verano, cuando también hay más inspecciones porque “hay situaciones que se agravan en verano y se espera a esta época para realizar las comprobaciones”, aclara el técnico.

El aislamiento acústico de un bar de unos 100 m2 cuesta, de media, 20.000 euros, llegando a superar los 100.000 en el caso de discotecas. Una inversión nada desdeñable que el director técnico del departamento de Acústica de TÜV SÜD aconseja estudiar con antelación: “hay que tener en cuenta qué nivel de emisión se va a producir y cuál es el valor límite requerido antes de poner en marcha cualquier actividad, porque la insonorización es lo primero que se debe ejecutar en cualquier local”.

El nivel de aislamiento acústico varía según el negocio, pero los valores límite son independientes del tipo de actividad. Hay 3 periodos horarios con diferentes valores límite y periodos de evaluación. “El nocturno es el que tiene los valores límite más restrictivos y en el que la afectación del ruido generado por una actividad se hace más patente”, aclara el técnico.

Aunque para saber si un establecimiento está correctamente aislado hay que realizar el ensayo acústico correspondiente, Rubén López explica una situación que suele adelantar el resultado: “si el vecino afectado se ve obligado a subir el volumen de su televisor debido al ruido procedente de la actividad ruidosa, el aislamiento es paupérrimo. Es evidente que el titular del establecimiento deberá invertir en un buen aislamiento acústico”.

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