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Seguridad contra incendios en bodegas

Protección en la industria vitivinicultora

EVALUACIÓN TÉRMICA DE PROCESOS QUÍMICOS EN ANÁLISIS DE RIESGOS

"¿Cómo se debería proteger la industria vitivinícola frente al riesgo de incendios y, en el caso de ser productores de espirituosos, frente al riesgo de explosiones?"

Jaume Sagarra
Director de operaciones. Unidad de Procesos e Instalaciones TÜV SÜD Process Safety

Jueves, 7 Enero, 2016


Nadie pone en duda que nos encontramos en un país productor de vino, de hecho, de mucho vino. El inicio de su producción data de tiempos del Neolítico. En la actualidad España es el país con más superficie de terreno dedicado al cultivo de la vid en el mundo y, en el año 2014, se situó tercero como país productor de vino por detrás de Francia e Italia (según fuentes de la OIV). Además de este maravilloso caldo, y en menor volumen, en nuestro país también se produce una gran variedad de bebidas espirituosas, muchas ellas derivadas del vino en las que, para su producción, se utilizan procesos de destilación.

Aunque este tipo de industria está sujeta al Reglamento de Seguridad Contra Incendios y, en consecuencia, al Código Técnico de la Edificación (no olvidemos que el RSCIEI echa mano del CTE en muchos aspectos), también es cierto que es un tipo de negocio, en que parte de su savoir faire o más directamente, su marketing se basa, precisamente, en vender al mundo, experiencia, veteranía, habilidad o, en resumen, el arte de producir el mejor producto frente a una abultada competencia (se estima que solamente en España coexisten más de 4000 bodegas); y este hecho hace que muchas bodegas sean anteriores, no al RSCIEI, sino a cualquier Reglamento u Ordenanza Municipal en materia contra incendios.

Entonces, ¿cómo se debería proteger este tipo de industria frente al riesgo de incendios y, en el caso de ser productores de espirituosos, frente al riesgo de explosiones? No olvidemos que durante la producción de brandy se obtiene alcohol etílico de un 70% cuyo flash point se encuentra por encima de la temperatura ambiente de una sala de destilación o de almacenamiento.

Frente a los riesgos de atmosferas potencialmente explosivas, en España es obligatorio disponer de un Documento de Protección Contra Explosiones (según establece el Real Decreto 681/2003, de 12 de junio, sobre la protección de la salud y la seguridad de los trabajadores expuestos a los riesgos derivados de atmósferas explosivas en el lugar de trabajo), en el que el industrial deberá determinar la extensión de dichas atmósferas y realizar un análisis sistemático de la presencia de fuentes de ignición efectivas dentro de ellas. Dicho documento raramente ve la luz (inspecciones relacionadas con el Reglamento de Baja Tensión lo suelen pedir o, si la empresa está sujeta a auditorías también puede ser reclamado durante alguna de ellas), pero en el caso de que la empresa sufra un accidente relacionado con atmosferas explosivas o incendio, es muy probable que la autoridad competente verifique si la empresa había o no contemplado el escenario en su Documento de Protección Contra Explosiones (DPCE o DOPEX).

En materia contra incendios y a falta de una normativa de obligado cumplimiento, debido a la antigüedad de algunas bodegas, que estarían exentas de cumplir con lo establecido en el RSCIEI, hay establecimientos que se han adaptado a los requerimientos de sus propias aseguradoras cuyas exigencias, en muchos casos, van más allá del propio RSCIEI (en particular aquellas cuyas sedes se encuentran en la otra orilla del Atlántico, que se basan en normativa NFPA y que bonifican altamente a aquellos clientes que instalan sistemas de rociadores, por ejemplo). Pero no todas pueden permitirse instalar estos sistemas que, aunque está demostrado que son los mejores sistemas para el control de un incendio, éstos actúan cuando el incendio está desarrollado, y son caros de implementar y de mantener. Es por este motivo, en que hay escenarios en los que el esfuerzo debe ser una combinación de sistemas altamente efectivos en los que funcionarán aún sin la presencia humana, pero también de criterios de cultura de seguridad en un sector en el que en muchos casos no ha dejado de considerarse como agrícola y en el que existen riegos, muchas veces ocultos a los ojos de los industriales, que pueden llegar a producir consecuencias severas.

Existen riegos ATEX (del francés ATmosphères EXplosibles) por vapores o gases (presentes en salas de cargas de baterías, grupos de frío que utilizan amoníaco, salas de destilación, de almacenamiento o de crianza, por ejemplo), y por polvos combustibles (muchas explotaciones utilizan azufre en polvo, sustancia explosiva en forma de nube o calderas y silos de biomasa, cuyos pellets pueden llegar a originar incendios en según qué condiciones de almacenamiento), y otros riesgos que pueden llegar a desarrollar incendios (instalaciones eléctricas envejecidas, medios de lucha contra incendios insuficientes y cargas de fuego elevadas debido a la alta cantidad de materiales combustibles (p.ej. barricas de madera). Respecto a este último punto he de decir que he encontrado salas en las que se les ha cambiado su uso y se han llenado de barricas para convertirlas en salas de crianza debido, básicamente, a necesidades de producción. Al incrementar las cargas de fuego, puede ser necesario replantear desde la sectorización hasta los medios de lucha contra incendios y las rutas de evacuación.

Un buen punto de partida podría ser la realización de auditorías voluntarias (y de rápida ejecución) basadas en la seguridad contra incendios y explosiones, para poder establecer una serie de recomendaciones que puedan abarcar no solo los sistemas activos y pasivos de protección contra incendios y explosiones, sino también una mejora en la cultura de seguridad de la empresa con repercusión vertical en todo su organigrama.

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